Análisis: The Purring Quest

Análisis: The Purring Quest

Valhalla Cats, cuya sede está en la provincia española de Murcia, nació con dos motivos: crear videojuegos y luchar por los derechos de los animales.

 

The Purring Quest se publicó con este mismo propósito. Desde 2015 lo podéis comprar en Steam (ENLACE). Parte de su precio va destinado a protectoras de animales. ¡Por los derechos de los michis!

Somos Kimchi, un gato muy achuchable que busca a su dueño para devolverle un objeto que ha perdido. Por el camino conoceremos a muchos gatos famosos, mientras huimos de perros y cagadas de palomas.

Primero que todo, dar la enhorabuena al equipo por conseguir un juego tan bien hecho y fluido. El arte es todo hecho a mano, que tiene mucho mérito.

No permitas que se caguen en ti.

Es un juego corto que podéis terminar en una tarde. A pesar de ello, no os sabrá a poco y os dejará buen sabor de boca.

La música es muy relajante. Quizá demasiado en algunos momento. Aún así, las canciones que tiene son muy bonitas.

Mecánicamente es muy sencillo. Es el típico videojuego de plataformas que, por el camino, consigues alguna mejora o ayuda. Dejando de lado algún que otro momento tenso -llegarás a odiar a las palomas-, es un juego sencillo que te permite disfrutar de los escenarios y del arte de los mismos.

¡Salva a los michis de la perrera!

Hay gags y coleccionables. Las «monedas» son raspas de pescado. Según vamos completando el juego, que no es lo mismo que avanzar en la historia, nuestro menú de inicio va cambiando. Lo que antes eran líneas de «recorte por aquí» se rellenan con algo que ocupa su lugar. Ya sea un objeto o un gato. De esa forma, poco a poco vemos como se llena la sala de estar como si tuviéramos un libro de cromos como antaño.

Veremos tanto gatos conocidos en la historia, como el gato de Schrödinger, como conocidos por internet, como Grumpy Cat. Por supuesto, hay escena postcréditos y menciones al catnip. El humor adulto que no falte.

No hay rejugabilidad una vez completas el 100%, que no es difícil de conseguir, pero siempre puedes revivir la experiencia reiniciando la partida.

No te dejes intimidar.

Lo que más me gustó, además del estilo de dibujo, es que se premia la exploración como buen gato que somos. Tienes una ruta claramente definida, pero puedes explorar y asi es como completas el 100%. En otras palabras: te dan una chuche por ser un gato trepador y cotilla. Ja, ja.

Os recomiendo jugarlo al menos una vez. No os quitará mucho tiempo ni dinero y os llevaréis una grata experiencia mientras ayudáis a protectoras de animales. ¡Todo ventajas!

Laura Ginestar

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