D4: Dark Dreams Don’t Die Season 1: Análisis

D4: Dark Dreams Don’t Die Season 1: Análisis

Si os hablamos de Access Games o del desarrollador Swery65, muchos diréis, «¿Qué?». Pero si hablamos de su juego más famoso, Deadly Premonition, seguro que no tardáis en caer en la cuenta. Aquel fue un juego que uno amaba u odiaba, y que, más allá de su anticuado aspecto gráfico, escondía una fuerte personalidad única que lo convirtió en una obra de culto.

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D4: Dark Dreams Don’t Die es el nuevo trabajo de esta gente, que llega en exclusiva para Xbox One, contando con el apoyo de Microsoft Studios, lo cual se nota en el grado de acabado, más pulido que todos los anteriores juegos de Access.

Entonces, ¿qué es D4?, os preguntaréis. Dicho de forma sencilla: es una aventura gráfica por episodios. Como The Walking Dead de Telltale Games… pero hecha por unos locos.

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Describiéndolo de forma un poco más extensa… es una locura muy jugosa.

D4 nos pone en la piel de David Young, un policía retirado reconvertido en detective que se encuentra obsesionado con resolver el asesinato de su esposa, con dos únicos puntos de partida: las últimas palabras de la mujer, «Busca a D» y una extraña habilidad que le permite usar ciertos objetos para viajar al pasado. Y, a medida que vamos escarbando en el conjunto, encontramos excéntricos personajes, mucho misterio, humor y sorpresas. A lo largo de un prólogo y dos episodios vamos descubriendo una intrigante historia, que si bien está en un entorno cerrado y dirigido, cuenta con una personalidad suficiente para mantener nuestra curiosidad y atención.

Su mecánica, pese a ser básicamente la de una aventura gráfica, es bastante peculiar. Nos «movemos» (mediante el mando o Kinect) por escenarios en los que podemos explorar diferentes objetos o hablar con personajes, y contamos con una «visión detective» (similar a la de los juegos de Batman) que destaca los objetos importantes. Pero cada una de nuestras acciones consume Stamina, que sólo podremos recuperar mediante alimentos que hay esparcidos por el escenario, o que podemos comprar a algún personaje. O animal.

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Cada vez que resaltamos un objeto con el cursor, irán apareciendo en pantalla los pensamientos de Young sobre el mismo. Ideas naturales, pequeñas frases, observaciones, cargadas de humor y cotidianeidad, un detalle curioso pero muy identificativo. Y eso nos lleva a la parte importante del juego. Porque la jugabilidad es básicamente esa: explorar los escenarios y superar un par de QTEs. Pero la estética y la personalidad abrumadora del juego son lo que nos golpea con fuerza.

Young es un protagonista de excepción. Prácticamente conocemos todo lo que pasa por su mente debido a esas pequeñas observaciones sobre cada objeto, y eso nos permite apreciar su profundidad, y el toque loco y bizarro que hay en él, quien, sin embargo, es el más «normal» de un reparto de tipos que están como cabras. Una chica que actúa como un gato, un policía que desayuna langostas por docenas, un diseñador de moda que no se separa de un maniquí….

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El conjunto es algo especial, una locura muy disfrutable que, además de incitarnos a avanzar en su historia, nos hará sentir deseos de explorar cada centímetro del escenario en busca de todos los objetos, a probar cada opción de diálogo, a buscar todos los coleccionables, trajes, músicas… todo en este juego es tan sorprendente y divertido que no querremos dejarnos nada por ver. Y cuando nos demos cuenta, habremos terminado este prólogo y los dos primeros episodios que forman la primera temporada, y estaremos deseando ver cómo continúa, estaremos deseando meternos más en este loco mundo creado por Access Games. Porque habrá mejores juegos, eso seguro, pero pocos con tanta personalidad, diversión y originalidad. Es algo diferente, que sin duda merece una oportunidad.

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