Gamescom 2013

Gamescom, la feria de las colas eternas.
A las 5 de la mañana sonaba mi despertador. ¡Por fin llegaba el día en el que podría echarle mano a las consolas de Sony y Microsoft! Después de tantos vídeos promocionales, de tantas imágenes, de tantos datos y rumores, finalmente podría ser yo quien contemplara los gráficos de nueva generación y pudiera argumentar, con fundamentos, si el salto de generación merecía la pena. Tras dos horas de viaje en tren llegábamos mi hermano, un amigo, y yo, a la Gamescom 2013.Debido a la inmensa cantidad de tráfico generado, la tienda on-line de la Gamescom se encontraba inaccesible durante los días previos a la celebración, pero en el blog del evento los organizadores aseguraban que, a pesar de que los tíckets para los primeros dos días se habían agotado, aún había suficientes para el último día (domingo), así que me embarqué en esta “aventura” sin entrada, con la esperanza de poder comprar una en el recinto.¿Cuál fue mi sorpresa nada más poner un pie en tierra firme? Una voz anunciaba a través de megafonía que las entradas se habían agotado y no se venderían más. “Vaya suerte la mía…” pensé, mientras me disponía a abandonar Colonia y volver a casa, decepcionado. Justo en ese momento se acercó un muchacho de sospechosa apariencia, comentando que tenía un ticket “especial” ya que trabajaba allí, con el que podría entrar sin problemas. A pesar de que no me inspiraba mucha confianza decidí fiarme de él y comprar su entrada. Y, para mi sorpresa, el ticket realmente funcionaba. Se me permitió el acceso a la feria. ¡Y qué feria!La emoción que sentíamos es indescriptible, a cada lado que mirábamos colgaban pósters de futuros lanzamientos, pancartas en las que se observaban dragones de todos los tamaños y colores, soldados de dorada armadura, gladiadores, piratas asesinos, los pasillos estaban llenos de personas disfrazadas de sus personajes favoritos, música, luces, mujeres de buen ver… Habíamos llegado a la feria de videojuegos más grande de Europa (o quizás del mundo).

Nada más ver el stand de Sony decidimos que lo primero que haríamos sería probar la última iteración de la PlayStation. Fuimos corriendo, pero a medida que nos acercábamos nos dábamos más y más cuenta de la longitud de la cola. Cuando llegamos al principio no podíamos creer lo que se nos estaba diciendo: “A partir de aquí son unas cinco horas y media de espera…”. “¡¿CINCO HORAS Y MEDIA DE ESPERA PARA JUGAR 10 MINUTOS A LA PS4?!” pensé, “¡¡A TOMAR POR VIENTO!!” exclamamos mi hermano y yo.

Si algún año tenéis la suerte de asistir a una feria de entretenimiento, tan grande como el E3 o la Gamescom, tenéis que ser conscientes de que, si queréis jugar a los “pesos pesados”, vais a estar esperando la mayor parte de vuestro tiempo. 5 horas para jugar 10 minutos a la PlayStation 4, la Xbox One, Battlefield 4; 2 horas para jugar al Assassin’s Creed o el Need For Speed… Una verdadera locura.
Por suerte fuimos capaces de cambiar el chip, decidimos que no íbamos a esperar horas y horas para probar un juego al que podremos jugar en cuestión de meses. Así que fuimos en busca de los juegos de corte independiente, los juegos en los que no había a penas cola, para poder jugar a la mayor cantidad de juegos y aprovechar al máximo nuestra estancia.

Nos dirigimos, por lo tanto, al stand más cercano y vacío, el de… ¡PSVita! Lo cual, en mi opinión, no tiene ningún sentido. Para empezar: la Vita es un maquinón, y para continuar, la oferta de juegos del stand era excelente. Tuve la oportunidad de probar “Rayman Legends” (tan adictivo como el primero, pero con mejores gráficos y nuevas mecánicas: juegazo; pero eso ya lo tenía claro), “Pets” (no muy interesante, pero he de confesarlo, en mis tiempos mozos fui muy fan de Nintendogs y eso de acariciar a tu pastor alemán a través de la pantalla sigue teniendo encanto), el port de “Jack & Daxter Trilogy” para la portátil (al cual le falta mucho pulido, porque la tasa de frames es inaceptable y los gráficos parecen de PSOne), además de los juegos exclusivos de PS3 “Doki Doki” (juego raro cual perro verde, cuya trama aún me es un misterio) y “Rain” (del que poco había oído hablar y que por su música y su ambientación fue el que más me conquistó).

Sin rumbo fijo, fuimos de stand en stand en busca del juego al que más rápido podríamos jugar, mientras nos perdíamos entre la muchedumbre, aturdidos por los shows de luces, la música, la gente armando jaleo para que le tiren publicidad en forma de camisetas y gafas en la cara, etcétera.

Encontramos nuestro próximo destino en un stand de Ubisoft separado del principal (donde se podía jugar al “Aassassin’s Creed IV”, ver una demo en directo de “Watch_Dogs”, ver algo relacionado con “The Crew”…), el cual estaba dedicado exclusivamente a “Rayman Legends”. Tuvimos la oportunidad de jugar a la última aventura de la mascota de Ubisoft en co-operativo en PS3. Reitero lo dicho con anterioridad: juegazo.

Tras nuestra parada por el stand de la empresa gala pasamos por los puestos de Activision (en el que mostraban “Titanfall” y “COD: Ghosts”), de Bungie (cuya presencia en la feria venía justificada por su úlitmo proyecto, “Destiny”), EA (que tenía con diferencia el mayor puesto de toda la feria, con “FIFA”, “NFS”, “The Sims 4”, “Titanfall”, y “Battlefield 4”), Nintendo (“Windwaker HD”, “Donkey Kong”, “The Wonderful 101”, “Pokémon”) y un sinfín más, pero todos los parajes tenía algo en común: colas de una longitud exagerada.

Nos habíamos recorrido la feria entera y pero al fina no fuimos capaces de resistir a la tentación. Aprovechamos que una gran parte de los visitantes hiciera una pausa para almorzar y nos pusimos a la cola del Battlefield 4.
Durante aproximadamente dos horas de jugar a las cartas en el suelo, comer, beber, y ver el mismo tráiler una y otra y otra y otra vez, las expectativas no paraban de crecer. Pero tras media eternidad (o al menos eso pareció) había llegado el momento. Nos tocaba jugar a la demonstración del mayor shooter de todos los tiempos. En PC, con ratón, teclado, auriculares surround, pantallón, el pack completo, vaya.

Un encargado de EA nos guió a mi y a otras 63 personas a un cuarto oscuro, con varios sillones en medio y una pantalla gigante proyectada en una de las paredes.
“¿Estáis preparados para ver trece minutos de tráilers?” nos preguntó. “¡¡TIENES QUE ESTAR DE P**A COÑA!!”, pensé. No podía creerme que lo único que iba a recibir a cambio de 150 minutos de mi valioso tiempo fueran trece minutos de vídeos que ya había visto en la red. El asistente pulsó un botón en su portátil, las luces se atenuaron y los vídeos comenzaban. Efectivamente, durante casi un cuarto de hora nos deleitaron con vídeos ya conocidos, al menos para mi. Sin embargo el último vídeo se encargó de explicar brevemente el nuevo modo de juego, “Obliteration”, y de darnos órdenes, ya que al finalizar íbamos a poder jugar al juego. El alivio que sentí fue inmenso. Para sorpresa de todos, en cuanto el vídeo terminó, varias escuadras de hombres vestidos de soldados irrumpieron en el “salón”, gritando y linterna en mano. Nos ordenaron que bajáramos la cabeza… y nada más. Actuación superflua en mi opinión.
Se abrieron las puertas a la sala de juego, cada jugador se apoderó de un PC, y se daba por comenzada la verdadera demo de Battlefield 4.

A pesar de no haber jugado nunca a un shooter en PC, debido a la escasa habilidad de mis contrincantes fui capaz de eliminar unos cuantos objetivos. Me gustaba lo que veía, los gráficos realmente eran increíbles, las sesenta imágenes por segundo le sentaban de lujo al juego, el sonido estaba a la altura de la tercera entrega de la saga, en definitiva, un verdadero “blockbuster” por el que era natural que la gente esperara cinco horas para poder probarlo. Mientras me disponía a recoger la bomba, de pronto, mi pantalla se puso negra. No me lo podía creer, se me había colgado el juego. Llamé rápidamente a un asistente, y me envió al otro lado de la habitación, donde había un ordenador libre. Decidí que la sensibilidad del ratón era demasiado baja, así que me dispuse a elevarla. “Guarda configuración”, “Aceptar”, “Aceptar”… PANTALLAZO NEGRO. Otra vez se me colgaba el juego. Van dos veces y quedan tres minutos de demo. Cuando salí de habitación la decepción no podía ser mayor. Tantas horas de espera para no jugar debido a, no uno, sino dos cuelgues. Bendita suerte la mía.

Abandonamos el stand de EA sobre las cuatro de la tarde, algunos más contentos que otros, ya que sólo quedaban dos horas para que finalizara el evento y parte de la audiencia ya había abandonado el recinto, pusimos rumbo al puesto de Nintendo. Tras pocos minutos de espera (que por la mañana habrían sido horas) pudimos disfrutar en glorioso HD mi aventura favorita de Link. Wind Waker en HD, la misma obra maestra, pero mejor.

Quedando sólo una última hora intentamos, y logramos, con un poco de suerte y un mucho de cara, colarnos por la puerta de atrás en el stand de Ubisoft y EA, por lo que pude, sin espera alguna, matar incluso tres pájaros de un tiro. Por un lado capitaneé mi barco en Assassin’s Creed y por otro manejé un exótico deportivo en una persecución trepidante, todo esto controlado con el nuevo DualShock 4. Tanto el mando como los juegos me impresionaron muchísimo.

A escasos minutos del cierre de la feria pretendimos echar un vistazo a la Xbox One, pero los dependientes no fueron precisamente amables o simpáticos, así que decidimos regresar a la estación para coger el tren que nos traería de vuelta a casa, tras una de las aventuras más alocadas que he vivido jamás.

 

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