Análisis: Outlast – Whistleblower

 Sabía que tenía sobradas ganas de conocer la suerte que corrió Miles Upshur, pero lo que no sabía era que al terminar esta expansión de la historia quedaría tumbado en posición fetal haciendo un esfuerzo por borrar ciertas imágenes de mi cabeza. Ya hemos hablado del juego base aquí, pero con la adición de Whistleblower (que casi podría parecer una secuela) no sólo aumentan los motivos para encerrarse en una taquilla y rezar. sino también las preguntas que surgen. Porque, ¿en qué punto consideramos que el terror se aparta de sí mismo y se convierte en algo diferente? ¿Y es ésto algo que agrade a todos por igual?

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NO HABRÁ SOMBRA QUE TE AMPARE

OLWB mailEsta vez en la piel del ingeniero informático Waylon Park, tomas el rol del soplón que precisamente hace saber por email al protagonista de Outlast, Miles Upshur, que algo va terriblemente mal en las instalaciones del Monte Massive. Como cabía esperar, tus superiores se enteran de tu traición a la compañía, y se aseguran de que recibas tu merecido incluyéndote en el programa de pruebas del motor morfogénico, junto al resto de los pacientes del hospital psiquiátrico. Habría podido ser una bonita historia de no ser porque a partir de ahí se desata el caos y las fuerzas de seguridad se topan ante la imposibilidad de contenerlo, unos muriendo en el intento y otros huyendo acobardados. Como es natural, para sobrevivir no queda otra opción que huir desde las entrañas de la Corporación Murkoff, reencontrándote con viejos «amigos» y conociendo a otros nuevos integrantes de este sórdido espectáculo.

Whistleblower se experimenta como una secuela. En esta ocasión los sustos no se dejan esperar, comenzando las persecuciones desde bien temprano. La dificultad se incrementa gracias a un diseño del recorrido a transitar algo más enrevesado, quizás algo menos misericordioso. Pero la diferencia más notable con respecto al juego del que parte es sin duda el contenido adulto, y no puedo evitar preguntarme si era realmente necesario. Para ponerlo de una forma simple que no destripe los destripamientos de Whistleblower, mientras Outlast muestra a un paciente masturbándose frente a una pared su expansión nos trae a un paciente masturbándose frente a una pila de cadáveres mutilados.

OLWB darkEse, para bien o para mal, es el tono general de la aventura de Waylon Park. Si no te bastaba con sentir miedo, ahora el factor añadido es el asco llevado a extremos que pueden resultar incluso cómicos. En verdad es una de las razones por las que este juego sigue siendo una maravilla para jugarlo tanto solo como en compañía (aunque esta ocasión sea más susceptible a pausas para coger aire y evitar arcadas).

El manejo aún es de lo mejor que he podido apreciar en su género, y volver a pasar por  estos pasillos en diferentes niveles de dificultad, no tiene precio, añadido a la meta para quien la quiera de encontrar todos los documentos escondidos y las notas que, igual que en la historia principal, sólo se consiguen grabando con la cámara sucesos, objetos o personajes concretos.

Sin embargo, seguiré dudando de la misma forma que cuando voy a ver una película sangrienta que está catalogada entre todas las demás de terror. ¿Realmente toda esta exagerada cantidad de violencia explícita, sangre, vísceras y contenido sexual (nada erótico) debe aumentar el miedo y/o la tensión a sentir? ¿Al empatizar con un personaje fictício, da más miedo que muera de una forma horrible si en esta se incluye hacerle un cambio de sexo sin las herramientas ni los conocimientos necesarios?

Diferente es, y también es cuestión de gustos, pero independientemente de ello Whistleblower se ha grabado en mi recuerdo como otra experiencia única. Quien, al igual que yo, quedase con ganas de más tras terminar Outlast no debe perderse esta expansión. Además, Whistleblower es una expansión que SÍ aporta contenido a la historia principal del juego original (algo muy poco común hoy en día). ¿Habrá una secuela u otro DLC? Desde luego espero que sí, y tiene toda la pinta.

OLWB-Butch

Ian D. Millán

Con suerte nos encontramos con obras de arte que nos transmiten algo valioso; algo que nos de qué pensar; algo que nos cambie..., pero por desgracia no suele ser gracias a la prensa. Yo propongo que sí lo sea.
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